Recuerdo mi infancia, aquella infancia en la que mezclaba en una gran orgia infantil a los payasos de la tele con Starsky & Hutch y Mazinger Z, años en los que formaba con alegre disciplina anglosajona en los Boys Scout los martes y los jueves porque los miércoles y los viernes, practicaba arte marcial oriental, sobre el tatami. Y ordeno en mi recuerdo los años y llego a la adolescencia y entonces me veo saltando, escuchando glam norteamericano, punk inglés, rock radical vasco, arrodillándome ante Moebius ante las historias de Alan Moore y comprando tebeos de importación, aquellos años ochenta en la que las chicas nos pedían coleta, ¡cómo la de Miguel Bosé!, y sigo y no paro y llego a Artes y Oficios y siento el Impresionismo y el Surrealismo y llego al Flamenco y a la Copla y descubro la tradición del Magreb y me sorprende el Manga y vivo el diseño y descubro las editoriales, las discográficas, las productoras y a los publicitas con BMW.
Woody Allen me chifla, Buñuel me desarma y las garras de Tod Browning me atrapan.
Y recordando me doy cuenta de que mi civilización, de que mi cultura, de que mi vida ha sido y es, ese cúmulo de experiencias que provienen de muchos lugares y que no me importará de donde vengan en el futuro. Sencillamente, estoy acostumbrado a ello.
No tengo claro si esto es bueno o es malo, tampoco me importa demasiado, es lo que me ha tocado. No tengo capa de mi talla para ponerme a salvar el mundo. Y a estas alturas todavía me hablan sobre la derecha y sobre la izquierda. Y quieren aclararme la importancia de ciertos valores, la dignidad de unos ideales que no contemplo, que no van conmigo. Y miro en el espejo y veo a solo unos kilómetros a una civilización que grita, que corre por las calles, que muere masacrada, humillada, engañada bajo creencias populares, populistas y absolutamente fantasiosas. No tengo claro de si eso es bueno o es malo, es lo que les ha tocado. No tengo capa de mi talla para ponerme a salvar el mundo. Esta función protagonizada por tiranos tercermundistas y demócratas occidentales de guate blanco me queda grande. Tan grande como el mundo.
Y ahora, en este presente, pienso en la probabilidad de
vivir ese mundo enorme desde la pequeñez global de las redes sociales y la
posibilidad de afrontar la vida no digital con escuetas respuestas igual
de escuetas en caracteres que las de un texto en el muro de Twitter.
Si eso ocurre, ¡a tomar por culo!.
Si eso ocurre, ¡a tomar por culo!.
Y entonces te hecho de menos y entonces, que se jodan las redes sociales.

